Mujeremprendedora n. 142, noviembre 2012

Creo que son muchas las mujeres que podrían contar episodios en los cuales su intuición natural las ha puesto en guardia sobre una situación peligrosa, les ha sugerido la decisión más conveniente o les ha puesto  en sus labios la palabra más adecuada  para quitar hierro cuando una situación se estaba volviendo complicada… No es un “lugar común”,  la intuición femenina, forma parte de ese bagaje  que  hoy encuentra su respuesta biológica  en los estudios neurocientíficos sobre las diferencias de género en el cerebro humano. Se ha demostrado que, gracias al cuerpo calloso más entramado y complejo en el cerebro de la mujer, sus dos hemisferios se comunican más fácilmente entre ellos. El hombre tiende a elaborar los datos externos  preferentemente con el lado izquierdo, sede de la racionalidad y de los procesos lógicos; la mujer distribuye la elaboración también sobre el hemisferio derecho, sede de las emociones, del ‘pensamiento paralelo’  y esto le permite analizar una gama más amplia de datos, permitiéndole mayor variedad de respuestas.

Pero el factor por excelencia que distingue el género femenino es la capacidad empática, la fuerte y natural inclinación a sentir y comprender a los otros a través del lenguaje no verbal. Lo avalan recientes estudios de investigadores en Holanda, Sudáfrica y  Reino Unido  que convergen en señalar a la  testosterona  como factor  determinante. Un grupo de científicos ha probado que la concentración de testosterona  – presente en cantidades muy bajas en el cerebro femenino – disminuye las  capacidades empáticas. Por otra parte aunque la investigación  nos diga que el cerebro de la mujer y del hombre son diversos, esto  no significa que uno sea mejor que el otro; lo importante es comprender y asumir esta diversidad, sea por parte del hombre que por parte de la mujer.  Me parece que ha llegado ya el tiempo de abandonar la barricada de las reivindicaciones unilaterales  para bajar a la vía del respeto reciproco, donde las diferencias son  importantísimas  porque nos permiten aprender los unos de los otros  y donde podemos descubrirnos   complementarios, en la  verdad y en la libertad.

El pasado mes de julio, después  de que el  Sunday Times publicara un artículo titulado “La mujeres son más inteligentes que los hombres”, han proliferado infinidad de comentarios y opiniones sobre el tema. En esta  vorágine de observaciones, la más sensata, moderna y auténticamente feminista, me ha parecido la de Michela Marzano, filósofa italiana, docente de la Universidad de Paris V: “¿Por qué fiarse de la ciencia para reivindicar una superioridad de la cual, en el fondo, no tenemos ninguna necesidad?  ¿Cuándo saldremos  de esta guerra de sexos para cooperar todos juntos, mujeres y hombres, en la construcción de una sociedad decente,- como escribe el filósofo israelita Margalit, en la que a nadie se sienta humillado?”

Concuerdo plenamente en que  este  es  el verdadero reto que nos espera a todos ,  donde además nos jugamos el futuro, también de los que vendrán después de nosotros.  Si  nosotras mujeres, allí donde estemos, con pequeñas o grandes responsabilidades, no renunciamos  a poner en valor toda nuestra capacidad de comprender, de acoger, de compartir, de colmar soledades, de excusar, de esperar  contra cualquier evidencia… un viento  nuevo comenzará a acariciar nuestras casas, las escuelas, las fábricas, la política… Todo esto significa estar “dentro del sentimiento”, primer significado de la palabra empatía.  

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