8 de marzo, una fecha para confrontarse, no sólo para las mujeres sino para todo el resto de la sociedad. Una jornada que desde el año 1975 – Año Internacional de la Mujer – ha ido adquiriendo gradualmente un carácter global,  incluso para los  países en vías de desarrollo. No es sólo una celebración, sino una oportunidad para crear conciencia en  las personas y en las instituciones, aumentar el apoyo a los derechos de las mujeres y su participación en la vida económica y política. Una  oportunidad para hacer una valoración de los objetivos alcanzados hasta ahora, lanzar un llamamiento mirando hacia adelante, a los nuevos retos por cumplir, y por último, pero no menos importante, un día para rendir un homenaje a las mujeres de todos los colores y credos que diariamente escriben historias de extraordinaria fuerza y verdad. Incluso pagando con la propia vida.

Este año el tema del Día Internacional de la Mujer se centra en la violencia: “Una promesa es una promesa: momento de pasar a la acción para acabar con la violencia contra las mujeres”. Las noticias internacionales narran a diario esta violencia brutal, absurda, aparentemente imparable, pero al mismo tiempo muestran más allá de la brutalidad, los signos de algo que puede cambiar, a partir de un valor extraordinario y de la voluntad de oponerse a la violencia, incluso en las situaciones más trágicas.

Una de las historias que más me ha llamado la atención en estos tiempos es la de Lea Garofalo, una mujer de Calabria, una hermosa región del sur de Italia, rica en historia, arte y cultura, que perteneció a la antigua Grecia. La historia reciente de este pueblo, sin embargo, a partir del siglo XX está marcada por la presencia de la ‘Ndrangheta, una palabra del dialecto de allí difícil de traducir en otras lenguas y cuya procedencia proviene del griego  andragathía(ανδραγαθια),  traducida burlonamente como “valor, hazaña, carácter de caballero “. La ‘Ndrangheta en realidad no es más que el crimen organizado como la Mafia y la Camorra.

Lea siempre vivió en ese clima, su familia estuvo involucrada en la “malavita”, con  crímenes por venganza;  joven, conoció a Carlo y con solo 18 años se convierte en  madre de Denise. Con la familia se trasladan al norte, en Milán, Carlo trabaja, pero pronto se relaciona con delincuentes y llega a convertirse en un “boss” del tráfico de drogas. Cualquier intento de Lea para sacarlo de esa vida es en vano, pero ella no quiere pertenecer a ese mundo, porque entiende que una vida basada en la violencia ya no es vida, por lo que en 2002 decide de colaborar con la justicia, y cuenta a la policía lo que ella sabe de ese  “clan” de Calabria en Milán que asesina y trafica con drogas …  Para la  ‘Ndrangheta romper con la familia es una infamia, una vergüenza para el padre, los hermanos, el marido … una vergüenza que se lava solo con la sangre.

Lea entra en un “Programa de Protección”: vive escondida, con escolta y bajo nombre falso. Pasan los años sin resultados. Sus declaraciones están casi olvidadas, por lo que renuncia al programa de protección y regresa a vivir a la intemperie. En la primavera de 2009, el ex-marido trata de matarla, pero falla en el intento. Meses más tarde Carlo trata de reanudar el contacto con ella y la convence para reunirse con él en Milán y discutir “de nuestra amada hija”. Ella consiente  y parte con la hija Denise. Es el 24 de noviembre de 2009.

La cita es en una calle del centro y una cámara de seguridad casualmente recoge la imagen de las dos mujeres esperando. Con una excusa Carlo envía a su hija a cenar con familiares y Lea se cita con Denise a las 11 de la noche en la estación para coger el tren y volver al sur. Lea nunca llega. Carlo incluso acompaña a denunciar la desaparición de Lea con su hija.  Denise vuelve a  Calabria con una carga demasiado pesada y una angustia demasiado grande para sus 17 años. Allí conoce a un chico que  se convierte en su novio. Poco a poco se abre camino la horrible verdad: no sólo el padre sino también el novio – que en realidad le habían encargado de vigilarla – son  detenidos y acusados de haber asesinado a su madre.

Denise escapa al norte y habla con los jueces. Comienza en ese momento un periodo durísimo, entra también ella en un programa de protección.  Denise se constituye en  parte civil contra el padre al que ya le han retirado la patria potestá. En la primavera de 2012, el proceso termina con la condena a cadena perpetua de los seis acusados. Solo en  noviembre del año pasado, en base a las declaraciones hechas en la cárcel por el falso “novio” de Denise, se encuentran en un campo de la provincia de Milán los restos de Lea, que había sido torturada, asesinada y quemada. Trágico, pero al mismo tiempo reconfortante hecho para una hija que podía honrar a su madre dándole un entierro digno.

Denise, a través de sus abogados, ha explicado de este modo su decisión de arriesgarse: “No es fácil constituirse en acción civil contra el propio padre, pero es una opción de libertad interior para recomenzar con la vida” .
En Italia, la historia de Lea se cuenta en el libro, “El coraje de decir no”

 

Mujeremprendedora n. 146, marzo 2013

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