“Para una mujer para hacer una carrera es más difícil, pero es más divertido”, en un primer momento me pareció una afirmación algo desconcertante, incluso presuntuosa. Después, me han bastado pocos párrafos de una biografía de  la “autora” para cambiar de opinión; me ha ofrecido el retrato de una mujer que ha hecho de su vida un ejemplo: Marisa Bellisario.

“Estoy sola y parto desde cero: es mi vocación”, escribe Marisa emprendiendo una de sus innumerables desafíos empresariales;  como para decir que todas las mujeres, si están decididas y le echan valor están en grado de  perseguir sus ilusiones, y alcanzar cualquier meta, en la vida y en los negocios.

Marisa Bellisario, italiana, nacida en Turín en 1935,  llega en el 59, recién laureada en Economía y Comercio, a la división de electrónica de Olivetti; le proponen un trabajo en Milán, en el mundo de la informática, un universo – en esos años en Italia – inexplorado, por temerarios. Como Marisa, que de hecho, acepta. En 1964, sin embargo, debido a la crisis económica, la división de electrónica se vendió a la General Electric y comienzan  los intercambios internacionales.

 

Su capacidad, competencia y decisión son apreciadas también en Nueva York, donde se afirma como protagonista en Honeywell. En el ’79, fue nombrada Presidente de la Olivetti Corporation of America, cargo que mantiene hasta 1981, año que regresa  a Italia, nombrada consejera delegada de Italtel, una empresa pública que atraviesa en esos momentos una  fase aguda de la regresión: 30.000 empleados, un grupo de 30 empresas electromecánicas, anticuada y con graves  pérdidas… Marisa tiene que tomar decisiones valientes y con visión de futuro; su plan de reestructuración suscita el escepticismo de los sindicatos que le van en contra, mientras que la prensa insiste en que se ha escogido una mujer para ese cargo solo con la intención de endulzar el cierre de Italtel. ¿Y Marisa que hace? Sigue adelante y en tres años consigue un  superávit presupuestario, facturando, en euros, 670 millones. Un ejemplo de una reestructuración de empresa pública que termina en los manuales de economía concediéndole en el ‘86  el premio de empresario del año.

 

En Italia, Marisa es la primera mujer a sacar adelante una carrera en el mundo de las telecomunicaciones y la informática y la primera a ver este sector como el “futuro de las naciones”; no sólo: invita a las mujeres a estudiar, investigar, innovar, ya que “la tecnología es el mejor aliado que la mujer pueda haber tenido nunca”.  La suya es también la primera carrera de proyección internacional: no por nada Marisa escribió que había “descubierto veinte años antes que economistas y expertos que una empresa tienen que ser internacional.”

 

Está segura y orgullosa de su feminidad y añade un color nuevo a la proverbial imagen en gris de los administradores delegados; elegantes, con estilo, sabe conjugar  estilo empresarial y  sensibilidad. La precian y la estiman no solo los altos ejecutivos de otras grandes empresas, sino también políticos, sindicalistas, trabajadores y empleados. En su modelo de vida y de trabajo no hay lugar para las diferencias de sexo, sino de valores, y de esta manera logra sublimar la idea de igualdad.

En agosto de 1988, una enfermedad incurable se la lleva, cuando tenía apenas 53 años. En su libro autobiográfico, Marisa se lamentaba de  no haber hecho más por las mujeres. Quién sabe, quizás en esto se equivocaba… Dedicada a ella ha nacido una  fundación que otorga reconocimientos  anualmente a una lista de mujeres que se han distinguido en su profesión, en la empresa, en  la ciencia, en la economía y lo social a nivel nacional e internacional. Este año, en junio, el premio llegó a su edición número 25, y tuve la oportunidad de verlo en TV; allí he visto mujeres normales, lejos de los estándares de las portadas de papel cuché  y de los estereotipos de la moda, eran empresarias, diseñadoras, economistas… que emanaban  inteligencia, positividad, feminidad. Para todas ellas, la historia de Marisa había abierto un camino.

 

La Fundación la ha querido Lella Golfo, empresaria y política italiana cuyo nombre está vinculado a la ley que introdujo las cuotas de género en los consejos;  la tendencia  política de Lella es diametralmente opuesta a la de Marisa en su tiempo;  y sin embargo,  no hay fracturas, no hay vallas, como no las hay entre las mujeres galardonadas en estos últimos 25 años, que provienen de las más diversos extracciones culturales y sociales. Una abanico riquísimo, donde la diversidad no resta, más bien suma.

 

Mujeremprendedora n. 151, septiembre 2013

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