Amartya Sen, en un célebre ensayo de 1990, lanzaba una inquietante advertencia: en el mundo faltan cien millones de mujeres. Tendrían que haber estados pero no están, debido a una muerte prematura por negligencia o porque nunca nacieron. Un número alarmante, que  supera la cifra de muertos de las dos guerras mundiales o de las victimas producidas por la histórica gripe “española” o el SIDA.  Dicho de otra manera: es como si desaparecieran juntas todas las  mujeres de Italia, Francia y Alemania.  Un drama gigantesco – tal vez incluso mayor en números de los que denunciaba Amartya Sen – que no logra encontrar espacio ni en los medios de comunicación ni en los ámbitos de investigación sociológica.

 

Anna Meldolesi, una periodista científica italiana ha querido investigar las razones  de la escasa atención a ese tema  en un libro con título impactante: “Mai nate. Perché il mondo ha perso 100 milioni di donne”Nunca nacieron. Porqué el mundo ha perdido 100 millones de mujeres. Editado en Italia por Mondadori en 2012.

 

La autora comienza la investigación desde el punto de vista demográfico tratando de definir las verdaderas dimensiones del “genericidio” en acto – así lo llama retomando la palabra proveniente del inglés “gendercide” – considerando que las estimaciones deben tener en cuenta tanto la tendencia natural en natalidad con un número de nacimiento superior de varones, como la de fenómenos históricos como el de la migración que en general implican más a sujetos masculinos.

 

Anna Meldolesi examina también las razones culturales que pueden empujar a la eliminación de lo “femenino”: los  sistemas patriarcales que no conceden  ninguna garantía a las mujeres y por lo tanto ningún  peso social,  el papel de las religiones y, naturalmente, lo que ella llama “las insidias de la modernidad”, es decir, la posibilidad de descubrir anticipadamente el sexo del feto, pudiendo eliminar el no deseado a través del aborto.

 

Las nuevas técnicas médicas se sitúan en el origen de una agravamiento  del “genericidio” , especialmente en los casos de las comunidades de inmigrantes, que a menudo utilizan la asistencia médica de los países de destino para aplicar la antigua selección sexual, así lo constata  Anna Meldolesi.

 

La investigación lleva a la autora – que también está a favor del aborto y de la aplicación de la “tecno ciencia” –  a una consideración: es muy difícil combatir al mismo tiempo la batalla por el aborto seguro y contra el “genericidio” porque el aborto seguro y legal contribuye a aumentar el número de mujeres eliminadas antes del nacimiento. Y no sólo eso: las campañas de control demográfico, interviniendo con esterilizaciones y abortos en masa, contribuyen  a agravar esta situación. ” El hecho de que tantas mujeres que no son ni ignorantes, ni marginadas – escribe Maldolesi – decidan de  abortar otras “mujeres” , es como un virus introducido en el sistema de los argumentos a favor del aborto ( = Derecho a Decidir ),  representa un reto para el pensamiento feminista  y para todos los progresistas”.

 

Y se pregunta: ¿el derecho al aborto, debe garantizarse independientemente de las intenciones de los que hacen uso de él? ¿La eliminación de fetos femeninos no es quizá una extensión lógica del derecho de los padres a controlar el número, el tiempo, el espacio y la calidad de los hijos, ahora generalmente considerado indiscutible?
Estas son las preguntas que la autora se plantea. Cuestiones que nada tienen que ver con la superficialidad con la que hoy algunas fuerzas políticas y sociales hablan  de la reforma de la ley del aborto actualmente discutida en el Parlamento español.

Los peligros inherentes en el “derecho” en el control de la natalidad, a intervenir para decidir a quién conceder venir al mundo  y cuando, merecen una reflexión mucho más profunda. Cien millones de niñas que nunca nacieron pueden ser un buen punto de  partida.

 

MEEn Mujeremprendedora n. 158, abril 2014

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