El pasado 20 de noviembre se celebró el 25 aniversario de la aprobación de la convención internacional sobre los derechos del niño. La Convención, ratificada por 193 países, fue adoptada por unanimidad en la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989. “Por primera vez los Estados reconocían que los niños son titulares de derechos como los adultos” comentaba Nils Muižnieks, comisario de los derechos humanos del Consejo Europeo, añadiendo que todavía “Europa tiene que esforzarse más y mejor” ¿Qué significa ‘mejor’ para el comisario Muižnieks, si exactamente el día anterior, el 19 de noviembre, había declarado que la práctica del infanticidio neonatal estaba ‘fuera de sus competencias’ y se había negado a recibir cuatro ONGs que intentaban informarlo de la cuestión?

 

Sin embargo, el 15 de enero de 2014, había tomado posición públicamente contra los abortos selectivos en función del sexo, pidiendo para ellos la interdicción penal.

Según la Convención de la ONU, “el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento”.

A pesar de esta clarísima declaración de principios, el Consejo Europeos no se pronunció de ninguna manera en su reunión de julio sobre este tema, que desde hacia tiempo está sobre la mesa de sus dirigentes.  Los ministros no habían logrado ponerse de acuerdo sobre las medidas que había que tomar para garantizar que a los fetos sobrevividos a los abortos no se les privara de los cuidados médicos a los que tienen derecho, en calidad de seres humanos vivos, en el momento de su nacimiento. Algunos gobiernos, de hecho, por temor a levantar cuestiones relativas a los abortos tardíos, se han negado a reconocer este derecho de los neonatos.

 

El 1 de noviembre, Gregor Puppinck, abogado y director del Centro Europeo para los derechos y la justicia (Ecjl), había enviado a Nils Muižnieks, de parte de cuatro ONGs, la  solicitud para una reunión y así poder entregar un dossier sobre la suerte de estos niños, nacidos vivos después del aborto. El dossier explica y documenta que cada año, de hecho, muchos niños nacen con vida durante abortos, sobre todo cuando se practican más allá de la semana 20 de embarazo. Estos niños a menudo se dejan morir sin atención, luchando por respirar a veces durante varias horas, o asesinados por inyección letal o sofocación, y luego eliminados con los residuos biológicos. Estos hechos se evidencian por los datos oficiales y los testimonios de las parteras. Un estudio publicado  en el British Journal of Obstetrics and Gynecology demostró que a las 23 semanas de gestación, la tasa de niños que sobreviven al aborto alcanzaba el 10%. Las ONGs esperaban esta reunión para pedirle a Muižnieks que todos los seres humanos nacidos vivos tienen el mismo derecho a la vida  y la salud, sin discriminación por las circunstancias de su nacimiento, de conformidad con los derechos humanos. El rechazo del Comisario y la incapacidad de los ministros para afirmar que todo neonato tiene derecho a la vida y a la salud, es vergonzoso. ¿No es esta actitud un consenso tácito al infanticidio y al trato inhumano?

 

Puppinck ahora espera que la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa tenga el valor de afrontar el tema y de compensar los puntos débiles del Comisario y del comité de Ministros. Con este objetivo el ECLJ llevará oficialmente esta cuestión a la Asamblea Parlamentaria en base a los procedimientos de la petición, que permiten a los ciudadanos pedir al presidente del Bureau de la Asamblea Parlamentaria inserir un argumento en su agenda. Para dar peso a esta solicitud, la ECLJ ha lanzado la petición también sobre la plataforma CitizenGo invitando a los muchos otros ciudadanos a firmarla.

He sabido de este hecho a través de un correo electrónico y he sentido el deber de comentarlo también en Mujeremprendedora, porque, aparte de la indignación, algo más hay que hacer para que nuestra voz llegue también a la mesa de decisiones en Europa, aunque solo sea con una firma. Será un modo de expresar el rechazo de las “conveniencias políticas” que pisotean los derechos fundamentales, un modo de decir basta a las afirmaciones altisonantes que contradicen los hechos. Menos celebraciones y más concreción. O mejor: celebraciones sí, pero si representan un paso adelante en beneficio de los seres humanos.

En este sentido, tiene razón usted, señor comisario  Muižnieks: “Europa tiene que hacer mejor”. ¡Mucho mejor!

 

En Mujeremprendedora n. 165, diciembre 2014

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