Es una de esas batallas que difícilmente ganan un titular en las portadas de los periódicos, una de esas ideas que  en el campo de la economía fácilmente se definen como utópicas, quizás  porque extremamente fácil de entender y poner en práctica, si hubiese voluntad política de acogerlas.  Es el ITF, el Impuesto sobre Transacciones Financieras, un impuesto muy pequeño, por ejemplo del  0,05%, que se aplicaría a todas las transacciones entre los operadores de los mercados financieros. Esto no desalentaría las inversiones normales de mercado, sino más bien los que especulan con la compra y venta de acciones en cuestión de segundos o milésimas de segundo y que tendrían que pagar esa cuota por cada transacción.

Si el impuesto se aplicara a nivel mundial al 0,05% se estima, según el Austrian Institute for Economic Research,  que los ingresos podrían ser de entre 500 y 1000 millones de dólares al año, incluso aunque se redujese  de aproximadamente el 65% las actividades financiera tras debido a la introducción de este impuesto.

No sería técnicamente complicado cobrar el impuesto; dado que las transacciones financieras en los mercados de valores de todo el mundo se registran en plataformas electrónicas, por tanto, sería suficiente un software especial para cobrar el impuesto y versar  de forma automática el importe de cada transacción a la entidad encargada de recaudar los ingresos.

Si el ITF se introdujera  en un primer momento a nivel de cada país, las autoridades nacionales respectivas controlarían todos los aspectos y decidirían por sí mismos si y cómo utilizar los ingresos recaudados para proyectos internacionales.  Si en el mejor de los casos se introdujera el impuesto a escala mundial, los propulsores opinan que lo ideal sería que una institución e un supranacional  (preferiblemente enmarcada en el sistema de la ONU) debería  supervisar  dicha aplicación y cada una de sus fases, manteniendo la facultad  de intervención en caso de infracciones.

Una parte de los ingresos recaudados (potencialmente 50%) se utilizaría  para reducir la deuda pública,  para  sostener el crédito o para ayudas para crear empleo.  Otra parte de los fondos se distribuirá de la ayuda a los países más pobres del planeta y representaría un recurso fundamental para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio fijados por la comunidad internacional en 2000.

Las negociaciones sobre la aplicación del  ITF en Europa están sobre la mesa  de las Instituciones desde hace dos años, aunque 2014 terminó en punto muerto;  sin embargo 2015 ha comenzado  con un repentino cambio de dirección por parte de Francia, que ha relanzado las negociaciones, poniendo en crisis a los lobbies financieros que inmediatamente se han movilizado para frenar el trabajo de los 28.

¿Se conseguirá poner en marcha la tasa de Robin Hood? ¿Cuándo?

 

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