Había encendido el televisor, sintonizado casualmente en un canal italiano, la tarde del 1 de mayo, mientras hacia las tareas de la casa. Me movía de una habitación a otra y más que ver, escuchaba. De repente, me llamó la atención la voz emocionada de un periodista que, en conexión directa con el telediario, narraba lo que estaba sucediendo en el centro de Milán el mismo día que se inauguraba la EXPO 2015.

Conozco muy bien esas calles del centro, pasaba a diario por allí en mis años de universitaria. Me acerco al televisor y me quedo de piedra mirando las imágenes de la manifestación NOEXPO, mientras los “black bloc” comienzan a activar acciones violentas.

Los conocemos (porque los vimos) también aquí en España. Son militantes del “bloque negro”, perteneciente a esa galaxia antagonista y anarquista, y que desde hace años protagonizan los enfrentamientos que tienen lugar durante las manifestaciones del área no global.

En Milán, con una táctica bien estudiada y que revelaba una formación de tipo militar, se infiltraron primero entre los manifestantes, y más tarde formaron pequeños grupos (según las estimaciones la policía eran en total unos 500), sacando de las mochilas sus vestimentas y sus armas: camisetas negras, pasamontañas, máscaras antigás, piedras y cócteles molotov, pasando a la acción.

Una guerrilla urbana dejó 17 coches incendiados, 27 con graves daños, escaparates rotos de 13 sucursales bancarias, devastación total en algunas de ellas, inutilizando muchos cajeros automáticos, 13 tiendas devastadas, mobiliario urbano destruido y muchas puertas destrozadas de grandes edificios, además de pintadas en la mayor parte de las paredes de esa zona. La gente, desde las ventanas de las casas, miraba horrorizada mientras columnas de humo por los incendios se elevaban por doquier. Dos horas de mucha tensión y destrucción mientras intentaban llegar a Plaza del Duomo, corazón de Milán, o a las cercanías de la “Expo-Gate”.

La barrera de la policía con gases lacrimógenos evitó cualquier confrontación directa con los “black bloc”.

Los 11 heridos, que afortunadamente no se encuentran en estado grave, son todos miembros de las fuerzas del orden, lo que de por sí habla de las intenciones de los violentos. Tras dos horas de ofensiva, los “black bloc” se quitaron las máscaras, las vestimentas negras y los pasamontañas, los dejaron en medio de las calles junto a piedras y armas y se transformaron en “chicos majos” o, al máximo, en manifestantes inocuos. Poquísimos los detenidos, solo aquellos cogidos infraganti.

Las imágenes mostraban una ciudad violada, ofendida por la violencia de un grupo que había dado rienda suelta a su frustración malamente envuelta en ideología. Y mientras que el reportero recogía las declaraciones idiotas de un joven manifestante que calificó el incidente de “una gran experiencia”, diciendo que una protesta “conlleva el derecho a destruir”, otra cámara encuadraba un hombre armado con una escoba y un recogedor limpiando las aceras de la calle y la puerta de su casa.

Y como él, muchos otros en Milán, los comerciantes, los porteros, los inquilinos, se pusieron inmediatamente a trabajar esa misma tarde. El Ayuntamiento de Milán convocaba  a los ciudadanos el domingo 3 de mayo para la iniciática “Nessuno Tocchi Milano”, (Nadie toque Milán) para reparar los daños y dar voz a la ciudad contra la violencia. Los milaneses no se han dejado abatir y han bajado a las calles implicándose.

La mayoría de los que participaron en la manifestación contra la Expo se han disociado de esa violencia. Sin embargo, me gustaría preguntarle a todas esas personas: prescindiendo de las posibles contradicciones-especulaciones-explotaciones de un evento como este, ¿no pensáis que la Expo también puede ayudar a esta Italia destartalada que lucha por mantenerse a flote a recuperarse económicamente? Y ¿no os habéis dado cuenta de que el tema de la exposición universal está centrado en la nutrición y en la lucha contra el hambre, en el futuro del planeta y que, por primera vez, también están presentes grandes organizaciones humanitarias para crear una conciencia global a estas emergencias? ¿Tenéis en cuenta todo esto antes de organizar manifestaciones basadas en la ignorancia?

Los principales causantes de la devastación han regresado a sus ciudades (los italianos) y a sus países los extranjeros (Alemania, España, Grecia…) a la espera de la próxima convocatoria, ya que está muy claro que la de los “black bloc” es una trama internacional. A ellos les pregunto: ¿quién os paga? ¿Quién ha estafado a vuestra inteligencia y a vuestra conciencia haciéndoos esclavos sin nombre y sin rostro para destruir, crear malestar social y clima de confrontación?

Vais encapuchados, como los militantes de ISIS. Esto es cobardía. Las ideas, si las hay, se defienden abiertamente y con diálogo. Quitaos las máscaras mientras estéis a tiempo. Quien manda sobre vosotros os ha quitado lo más hermoso de la juventud: las ganas y el entusiasmo de cambiar el mundo a mejor. Quitaos las máscaras y ayudaréis a desenmascarar a quien os tiraniza y que, estoy segura, no quiere un mundo mejor y más justo.

 

PORTADA 170 en Mujeremprendedora n. 170