Por una vez al menos, la mayoría de los eurodiputados han puesto la protección de los derechos humanos por encima de los intereses económicos de ciertos grupos. El pasado 20 de mayo el pleno del Parlamento Europeo aprobó ‘la petición de certificación obligatoria para los importadores de minerales de conflicto’. En otras palabras: las compañías que están al final de la cadena de suministro, es decir, las 880.000 empresas de la U.E. que utilizan estaño, tantalio, wolframio y oro en la producción de bienes de consumo tendrán que informar de las medidas que toman para identificar y abordar los riesgos detectados en sus cadenas de suministro de dichos minerales y metales. Las áreas afectadas por la normativa son todas las zonas de conflicto y alto riesgo del mundo, de las que la República Democrática del Congo y la zona de los Grandes Lagos son el ejemplo más claro.

A este punto os estaréis preguntando, ¿y que tiene que ver con mi móvil? Mucho. Profundizando un poco la noticia, me he enterado de una realidad totalmente desconocida donde yo también tengo, sin saberlo, una parte de responsabilidad. Algo que considero importante y que quiero compartir en este espacio.

La República Democrática del Congo es una de las zonas mineras más importantes del mundo, especialmente el este del país. Allí se encuentra el 80% de las reservas mundiales de coltán, mineral sin el cual la revolución de las nuevas tecnologías, en especial de la tecnología móvil, no habría sido posible. Su extracción, procesado y venta está controlada por grupos armados que han convertido el Congo en el peor de los infiernos, con más de cinco millones de muertos desde 1998, un millón de personas desplazadas sólo en 2013 y más de cien mil mujeres violadas al año. Escondidos en nuestros móviles, llegan a nuestras manos minerales -podemos decir sin metáfora- manchados de sangre. Sin saberlo o sin ser muy conscientes de eso, contribuimos a financiar la continuidad de la explotación de tanta gente en las minas y el mantenimiento de los grupos armados que intervienen en los conflictos.

Por este motivo, la votación en el Parlamento Europeo ha sido ‘histórica’ y sin duda ha tenido en cuenta la opinión pública que ha mostrado su sensibilidad sobre el tema: de hecho, más de 100 organizaciones internacionales llevan años trabajando en campañas informativas; entre ellas, la española ALBOAN con “Lo que tu móvil esconde”. Os invito a visitar la web y conocer la propuesta de ALBOAN para romper los vínculos entre tecnología y violencia. El dato más inquietante, en mi opinión, es la renovación excesiva de móviles y aparatos tecnológicos bajo la presión publicitaria, las modas y cambios estéticos o la introducción constante de nuevas funcionalidades. En Europa se renueva cada año alrededor del 40% del parque de móviles existentes, alrededor de 18 millones de móviles sólo en España. Mientras la vida útil de un aparato es de unos 10 años, batería aparte, el tiempo medio de utilización se sitúa entre el año y medio y los dos años y medio.

Hacer un uso responsable de los móviles alargando su vida útil, así como contribuir al reciclaje y reutilización de los aparatos puede contribuir a la reducción del impacto que tiene la extracción de mineral en el Congo. Dos posibilidades al alcance de la mano, si queremos. En un mundo globalizado, todos y cada uno somos todavía más responsables de la sociedad que vamos construyendo. Basta que tengamos claro en cual dirección.

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