Fue a finales de agosto. Una noche, casi al final de un telediario que, a parte de un par de noticias “importantes”, había propuesto únicamente breves flashes sobre temas de entretenimiento (como si los problemas más graves y urgentes del mundo se hubieran ido de vacaciones con la mayoría de los periodistas de la redacción). La última noticia propone un video de apenas un minuto donde aparecen dos niños llorando que, según comenta el locutor, es por la muerte de su hermano en un bombardeo en Siria. Mi sensibilidad reaccionó instintivamente ante el enésimo vídeo en el que se utiliza a menores. Por supuesto, me digo en ese momento, ellos son sirios, por supuesto están experimentando una situación trágica, pero algo en el vídeo me hace pensar que quien grabó las imágenes les había pedido a los niños  llorar y mostrar desesperación para poderles grabar… Probablemente esos dos niños habían perdido verdaderamente a un hermano, pero ‘algo’ que intuyo aunque no tenga certeza y que no puedo descifrar, me deja perpleja. Después me repito, que ojalá estuviera equivocada.

Unos días después, y por casualidad, leo, en la red, algunos artículos que comentan un hecho similar. Todos recordaréis al pequeño Omran, el niño sirio cubierto de sangre sacado de los escombros tras un bombardeo, se desconoce si de la aviación rusa o del  ejército de Assad… La foto de Omran y después un  video han llenado las redes sociales,  resucitando con artículos conmovedores el interés por el drama que vive Siria, aunque sólo por algunas horas.

Algunos de los comentarios que leo en esos artículos provenientes de diversas partes del mundo ponen en duda la autenticidad o el trasfondo de las imágenes que retrataban Omran. La fotografía inicialmente fue colgada en Twitter por el corresponsal en Oriente Medio del periódico Telegraph. Más tarde, añadieron las imágenes, pero los medios de comunicación occidentales no han especificado algunos “detalles” inquietantes: el autor de la foto no es ni el corresponsal del Telegraph, ni  ningún periodista occidental, sino -como aseguran fuentes internacionales, entre ellas la Associated Press- es un hombre llamado Mahmoud Rslan, no exactamente un desconocido, pues se trata de un reportero muy cercano al Harakat Nour al-Din al-Zenki, un grupo rebelde, en teoría “moderado”, pero que en la práctica no tiene escrúpulos para ejecutar sumariamente incluso a adolescentes.

Esto respecto a la foto. En cuanto al vídeo, tiene el sello Alepo Media Centre (AMC), lo que significa que no es una emisora cualquiera, sino el brazo propagandístico del Frente Al-Nusra, movimiento  jhadista  considerado hasta hace poco una ‘costilla’ nada más y nada menos que de al-Qaeda.

Sin embargo, es la actuación del socorrista la que suscita  las principales perplejidades: se preocupa de acomodarlo con cuidado, y en seguida desaparece.  Pero, ¿por qué no averigua su condición? ¿Por qué no le quita primero el polvo y la sangre de la cara? Me diréis: había el temor de otros bombardeos, era necesario actuar con rapidez… sí, pero sin embargo, ¡quien estaba grabando parece no tener ninguna prisa! Mientras tanto, Omran, probablemente en estado de shock, no sólo no llora y no se lamenta, sino que no manifiesta ninguna reacción de dolor… algo que no es normal y que algunos justifican con el hecho de que probablemente la sangre en su cara no era la suya.

Otra sombra en esta historia es el timing: la foto y el vídeo, comenzaron a circular justamente en una fase en que los rebeldes “moderados” habrían sido favorecidos  por una tregua porque prácticamente estaban en retirada de Alepo, ciudad objeto de un asedio por los denominados rebeldes desde 2012. En otras palabras: dónde están los medios de comunicación, allí salta la noticia… No al revés.

Teniendo en cuenta todo esto, sólo podemos esperar que el pequeño Omran, que ya conoce el horror de la guerra, herido -aunque no grave, porque fue dado de alta el mismo día de su hospitalización- no haya sido manipulado por quienes no tienen piedad ni siquiera ante la sangre.

En cuanto a la (ir)responsabilidad de los periodistas occidentales en toda esta historia, lo dejo a vuestro juicio.

 

(foto: Naciones Unidas)