Contestad con sinceridad: ¿Habéis leído o escuchado noticias sobre Brasil en los últimos tiempos? ¿De qué hablaban? De Temer y de la investigación por parte del Supremo, ¿verdad? Un escenario de corrupción similar a lo que llevó a la destitución de Dilma Rousseff. Tal vez, podéis haber leído algo sobre Lula da Silva, también implicado en un escándalo de corrupción… Con razón, hay que hablar de todo eso. Si hubo crímenes -y la justicia lo determinará-, quien es culpable tendrá que pagar.

Pero, ¿sabéis algo más acerca de Brasil? ¿Tenéis una idea de otros aspectos que son parte también de la realidad actual de este enorme país?

Honestamente, yo no la tenía, conformándome con los artículos publicados  en diversos medios de comunicación, al menos hasta hace un par de días.

Ya era noche y (probablemente por deformación profesional: “A ver si ha pasado algo…”) abro Twitter en el smartphone. Un retweet capta mi atención: ‘El Brasil de los escándalos y el de la solidaridad’. El enlace lleva a un artículo. Hago clic. Y se me abre otra fotografía de la realidad de este país, el quinto más grande en el mundo con sus 8,5 millones de km2.

Leo que “casi uno de cada cinco ciudadanos brasileños (37,5 millones) se dedica a hacer el bien al prójimo.” Sí, es verdad que hay nada menos que tres presidentes o expresidentes investigados, pero descubro que hay un número insospechado de ‘samaritanos del siglo XXI’, un Brasil oculto y desconocido a la mayoría que participa en las pequeñas y grandes instituciones de voluntariado.

Así se desprende de ‘Além do Bem – Um estudo sobre voluntariado e engajamento’, una investigación realizada por la Santo Caos Consultoriaen colaboración con el Bank of America Merrill Lynch y el Programa de Voluntarios de las Naciones Unidas (UNV) en Brasil.

El estudio, cuyos resultados fueron publicados por la revista Cidade Nova, se llevó a cabo en base a entrevistas realizadas en 25 estados brasileños con voluntarios, ex voluntarios, no voluntarios y especialistas en el tema, y con representantes de 80 empresas y 14 organizaciones no gubernamentales.

El informe aporta datos interesantes: el 93% de los empleados que se comprometen en el voluntariado afirman que reciben el reconocimiento de la empresa y registran un 16% más de productividad en el trabajo respecto de los no voluntarios. El 77% de estos empleados también ha logrado comprometer alguna otra persona en una actividad de voluntariado. Por otra parte, el personal directivo de las empresas también termina valorando el trabajo voluntario de sus propios empleados: nueve de cada diez de ellos consideran que el voluntariado empresarial ayuda a mejorar sus habilidades.

El estudio demuestra además que el voluntariado brasileño puede crecer considerablemente, porque todavía no se le atribuye el peso estratégico que debería tener en las empresas.

“Una empresa obtiene muchos beneficios cuando invierte y alienta el voluntariado. No sólo beneficios externos, como la imagen y el compromiso con la comunidad, sino también beneficios internos”, es una de las conclusiones que subrayan desde la Consultoría Santo Caos.

El informe, obviamente, es mucho más amplio, pero lo que quiero poner en relieve es que los pocos datos que he podido leer me han revelado “la otra cara de Brasil”. Mejor dicho, un aspecto de la otra cara de este país donde no todo es corrupción y escándalo.

Una vez más, veo urgente aplicar, en nuestra profesión, los principios del periodismo constructivo, del cual he hablado en otros artículos en este espacio. Poner el enfoque sólo en un aspecto de la realidad no es honesto y, sobre todo, no ofrece a los lectores motivos que permitan esperar y seguir viviendo. 37,5 millones de brasileños (cifra similar a los que vivimos en España) que dedican parte de su tiempo en acciones positivas para la sociedad creo sean un motivo de esperanza. Sería una lástima no enterarnos de ellos…

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