Hace unos días, un alto cargo de CaixaBank se ha disculpado públicamente por unas declaraciones, decimos, “poco afortunadas”, en un contexto público. Probablemente había sido un día de aquellos en los que no todo sale bien, ¿quién no los tiene? No todos los días logramos estar a la altura de las circunstancias… pero es verdad que este alto cargo, tras haberse equivocado, ha hecho lo correcto rectificando y disculpándose públicamente.

Ser capaz de disculparse también es importante en el mundo de los negocios; los CEOs y los directivos que se niegan a disculparse cuando deberían hacerlo, ponen en peligro la reputación de toda la empresa, no solo la suya. Por otro lado, asumir los errores de la compañía pertenece al rol de los directivos y el hecho de disculparse cuando es necesario demuestra su capacidad de actuar lo más acertadamente posible.

Pero a todos nosotros nos pasa que tenemos que pedir disculpas.

Es un gesto necesario y virtuoso que a veces nos resulta complicado por diferentes razones y que deberíamos poder hacer de forma honesta, efectiva y transparente.

Recuerdo un momento de mi vida: era adolescente, le había montado una escena a mi madre, hablándole como una hija nunca debería hacer. Como reacción, ella había elegido el silencio, dejándome sola. Ese silencio fue más ensordecedor que cualquier sermón, fue como un rayo de luz que me hizo ver la realidad: mi actitud había sido destructiva y no llevaba a ninguna parte… Lo tenía claro, muy claro dentro de mí: tenía que reparar la situación y no había otra manera que reconocer mi error y disculparme. ¡Qué duro era! ¡Qué difícil! Pasar por esos pocos pasos que me separaban de la cocina donde estaba mi madre era como escalar una montaña con una roca sobre la espalda. No sé cuántas veces volví atrás… hasta que me decidí, y…: “¡Mamá, lo siento por lo que te dije!”. Su respuesta: un largo abrazo. A partir de ese momento, la relación con mi madre creció, fue más verdadera, sincera, profunda. Aprendí algo que me ha ayudado muchas veces en mi vida cuando tenía que reconocer públicamente un error en el trabajo e incluso cuando, por ejemplo, tuve que pedir perdón por algo de lo que yo no era culpable, pero que era la única manera de no crear una división en el equipo de trabajo …

Mafalda-EquivocarseLos expertos dicen que aprender a disculparse es (para los niños, pero también para los adultos) una parte fundamental de la formación en la vida social. Mejora las relaciones interpersonales. Reduce la ira y la contiene. Aumenta la cohesión de las comunidades. Y añaden, los expertos, que aquellos que se disculpan demuestran tener una buena autoestima: aquellos que tienen una baja autoestima son a quienes les resulta más difícil disculparse.

Además, si nos disculpamos no es por sentirnos mejor, es para hacer que aquellos que sufrieron la ofensa se sientan mejor y, al mismo tiempo, es para evitar que repitamos ese comportamiento.

En otras palabras, para disculparse apropiadamente solo hay una cosa que hacer: cambiar la perspectiva y ponerse en los zapatos de la persona ofendida. Significa comprender su estado mental, desear sinceramente reparar el daño hecho y proponerse mejorar nuestro comportamiento futuro. Sí, no es fácil. Pero es posible. Y exijámoslo, primero de nosotros mismos, no solo de los líderes, de los opositores políticos, de los colegas, de mi esposo, de mi esposa, de… En primer lugar, de nosotros.

MUJER 200En Mujeremprendedora n.200