La opinión de...

Cristina Castillo: «De mujeres y emprendimientos»

“Por favor, póngame un trozo de esa tarta. De la de zanahoria con anacardos”. Y con aquella delicia en mano, se fue a la acera de en frente, y se sentó en aquel banco, y la saboreó mientras se saboreaba a ella y a sus cinco años desde que decidió dar un paso adelante. De esos que no admiten retroceso. Porque cuando saltas, ya no puedes no haber saltado.

Y entre sabor y sabor, se saboreaba recordando cada uno de los pasos que tuvo que dar en su apuesta por ella, de los límites que tuvo que poner a muchas miradas de juicio y de las caídas y angustias que supone dar un salto desde un lugar donde no se ve la red.

Emprender siendo mujer no es lo mismo que emprender, pensó. El verbo se hace complejo cuando le añadimos roles, ésos con los que crecemos y adoptamos como si fueran parte nuestra. Irrenunciable e inseparable.

Emprender siendo mujer significa ocupar un lugar visible, ése que perdemos de vista cuando aprendemos a centrarnos en los objetivos de los demás y nos olvidamos de los nuestros. Emprender siendo mujer significa superar los miedos, ya no solo a enfrentarte a una situación de incertidumbre en la que dependes de tu apuesta por ti. No, no. Significa, además, superar el miedo a la culpa que nos invade cuando nos alejamos de la tarea que un día compramos de cuidar a los demás sin antes auto-cuidarnos, de apoyar a otros sin antes auto-apoyarnos y de hacer lo imposible para el triunfo de otras personas, pero no para el nuestro propio. “No vaya a ser que me sienta egoísta”.

Celebrarte con tarta de zanahoria con anacardos, va a necesitar de ti:

Trabajar tu autoestima. Quererse es un acto consciente que requiere sentirse capaz de alcanzar aquello que te propongas. En caso de no saber de qué eres capaz, recuerda de dónde vienes, los retos que a lo largo de tu vida has superado (seguro que no son pocos) y piensa que, si hasta ahora has sido capaz de todo ello, ¿de qué no vas a serlo para todo lo que la vida te plantee?

Prescindir de la mirada de los demás. Estar pendiente de lo que crees que los demás esperan de ti te quita libertad y autenticidad. El hecho de dar poder a la opinión y juicio de los demás nos sitúa en un lugar donde el miedo a decepcionar consume energía y nos aparta de lo que queremos de verdad y nos acerca a lo que quieren de verdad.

Apostar por ti. Fijar un punto al que llegar, caminar hacia él y sentir el peso de que todo depende de ti, asusta. Apostar por ti es un acto de confianza y de valentía que necesita tomar consciencia de tu valor y del valor que va a aportar a tu vida y a la de las demás personas aquello que quieres desarrollar.

Emprender es transformarse para transformar, tomar consciencia de quién eres y decidir qué quieres ser. Desde ahí, te deseo muchas tartas de zanahorias con anacardos, de ésas que disparan tus sentidos y te recuerdan desde cada bocado que apostar por ti es obligatorio y un acto, más que de fe, de consciencia de lo que eres y de lo que puedes llegar a ser, si te miras bien. No te mereces menos.

Cristina Castillo

Experta en Retail, emprendedora y formadora en habilidades sociales para empresa

Autora del libro «Vendedores de emociones»

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