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Una cuestión de dignidad

posted by Anna 10 febrero, 2020 0 comments

Mi artículo en Mujeremprendedora n. 222, febrero 2020

Una niña o una mujer joven de un país occidental no puede ni imaginárselo: faltar a la escuela, incluso abandonarla, debido a sus períodos. Como si fuera una enfermedad o una vergüenza. Hay países donde un estigma ancestral envuelve esta función fisiológica normal y, como consecuencia, genera discriminación y una profunda injusticia de género. Las niñas “en esos días” se avergüenzan de salir de casa, como sucede en algunas regiones de la India, o se les segregan en cuadras, como en las zonas más remotas de Nepal.

Según la UNESCO, 100 millones de adolescentes están excluidas del sistema escolar: las causas son muchas, por supuesto, pero una de ellas es sin duda el ciclo menstrual y la falta o la imposibilidad de adquirir compresas. Si en Kenia dos tercios de las mujeres no pueden pagar las toallitas sanitarias y en Malawi cuestan el equivalente al salario de un día, en Etiopía el 75% de las mujeres y niñas se las arreglan con hojas secas y trapos. Y no es solo una cuestión de higiene, las consecuencias son que una de cada 10 niñas no asiste a la escuela por razones relacionadas con el ciclo menstrual, una de cada dos en las zonas rurales. No es casualidad que el porcentaje de abandono escolar femenino en el país sea del 50% y el masculino del 30%. Esto significa un déficit educativo en comparación con los hombres, con la consiguiente persistencia de la marginación económica y social.

Venía justamente de Etiopía, Freweini Mebrahtu, una chica que en 1983 llegó a Estados Unidos para estudiar como ingeniera química. La primera vez que entró en una farmacia en la gran ciudad estadounidense, se quedó sin palabras al ver docenas de cientos de paquetes de compresas de todo tipo alineadas en las estanterías, y a un precio asequible. Freweini pensó en todas las chicas de su país … y quizás, a partir de ese momento, maduró la idea de que tenía que hacer algo por ellas. Este “algo” se materializó años después. Después de sus estudios, regresó a Etiopía y su licenciatura en Ingeniería Química sirvió para patentar en 2005 una compresa menstrual reutilizable que se puede usar durante más de un año. En la ciudad de Mekella-Macallé, fundó la Fábrica de productos sanitarios Mariam Seba, una fábrica que actualmente produce 750.000 compresas sanitarias lavables y reutilizables durante un año, de las cuales más del 80% se vende a organizaciones no gubernamentales que las distribuyen de forma gratuita.

Por ejemplo, la organización sin ánimo de lucro Dignity Period, fundada en 2014 por dos filántropos estadounidenses que, impresionados por el trabajo de Freweini, decidieron combatir el abandono escolar temprano de las niñas, distribuyendo kits de baño completos (cada kit cuesta cinco dólares) y dando formación en temas relacionados con la menstruación.

En cinco años, miles de alumnas de la región de Tigray han podido beneficiarse de este kit suficiente para un año entero. Los resultados son increíblemente positivos: las ausencias de las alumnas en las escuelas visitadas por Dignity Period han disminuido en un 23%.

Y no es un detalle irrelevante: el “Mariam Seba” da trabajo a docenas de mujeres, que pueden beneficiarse de permisos de maternidad pagados y de una guardería en la empresa para sus hijos; la única en toda Etiopía.

El pasado mes de diciembre, Freweini fue nombrada “Héroe del año” por la cadena de televisión CNN gracias a las preferencias expresadas por los usuarios en las redes sociales como parte de una campaña que tiene como objetivo premiar a “las personas que ofrecen contribuciones extraordinarias para mejorar la vida de los demás”.

“Todo lo que quiero es que todas las chicas tengan dignidad… -dijo Freweini al recibir el premio- …esto es para todas las mujeres y niñas del mundo”. ¡Absolutamente alarmante su actitud de normalidad!

Hablar de ella, aquí en Mujeremprendedora, me pareció lo menos que puedo hacer para agradecerle lo que está haciendo y poner en evidencia, a todas nosotras, independientemente del país y la situación en que vivimos, que con creatividad, inteligencia y empatía podemos cambiar no solo nuestro destino, sino también el de otras mujeres.

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